Tu cara pública y tu vida de puertas adentro viven en dos hemisferios del mismo cuerpo, uno de día y otro de noche. El Sol enciende la identidad expresiva; la Luna, en el extremo de enfrente, guarda la intimidad emocional. Sol y sombra repartidos a lo largo del mismo eje. Brillas afuera y notas que dejaste solo tu mundo de adentro. Te encierras a sentir y te culpas por faltar a quien quería verte. Vuelves de un día muy social agotado, como pez sacado del agua donde respira su corazón. Vas viendo que no hace falta traicionar a uno por el otro. Hay plazas para tu Sol. Hay cuevas para tu Luna. Los dos te reclaman, y a los dos les debes.