Hay alguien cerca que carga un peso callado, y tú captas el temblor debajo de su voz tranquila. La Luna, la emoción que siente fino, y Plutón, la hondura que no le teme al fondo, viven en cuartos vecinos, con el tabique del sextil tan delgado que se oyen. Para que se hablen, basta con que bajes de la superficie justo cuando la situación lo pide. Eso exige aguantar la intensidad y no salir corriendo cuando arde. Quédate y serás el sitio donde otros por fin sueltan lo difícil; rehúyelo y te quedarás en la versión cortés de cada vínculo. No esquives lo que importa. La puerta de eso ya está sin cerrojo.