Tu casa huele a algo bueno y la gente sale de ahí queriéndose un poco más de lo que se quería al entrar. El sentir hondo y el gusto por lo bello son en ti un mismo clima, trígono de la Luna y Venus, y la belleza es una forma de cuidar y el cuidado una forma de hacer belleza. La hospitalidad, el diseño que emociona, el arte que arropa, la comunidad, ahí floreces. La gente recuerda tu mesa, tu casa, tu manera de estar presente. El motor anda solo, y ese es el riesgo: das tanta belleza sin pensar que olvidas mirar si alguien te devuelve algo. La hospitalidad sostenida pide ser correspondida. Elige a quien sabe devolverla.