Marte cae justo encima de tu Nodo Sur, ese extremo del eje donde vive el modo de pelear que ya dominas sin pensarlo, y la fuerza y el hábito quedan amasados en una sola pasta. La embestida, la guardia alta, el reflejo de defenderte: te salen por defecto, como un músculo que se contrae antes de la orden. Acudes a él sin esfuerzo cuando algo exige acción inmediata. Lo que pesa es vivir solo desde ahí, repitiendo la misma reacción heredada en vez de invertir ese coraje en el rumbo nuevo. La fuerza instintiva rinde cuando empuja el paso que te estira. No cuando la descargas otra vez en la batalla que ya sabes ganar de memoria.