Pisas el acelerador del coraje y una vieja lesión te muerde la pierna en el mismo segundo. Quirón y Marte se cuadran en tu carta, empujando en cruz desde ángulos opuestos: el músculo quiere lanzarse, el centauro herido grita que ahí duele, y ese pulso a contramano es tu escuela de pelea. Actuaste con la flecha aún clavada, empujaste mientras algo por dentro protestaba, y el desgaste fue real. De esa molienda sale una templanza que no le crece a quien nunca fue cortado. Tu valentía se forjó contando las veces que el arranque chocó con el dolor. Golpear sin crueldad no te vino de fábrica: lo colocó esa carga sostenida, viga a viga.