Llevabas un paso firme y un rayo cae de un cielo despejado y te cambia la zancada justo cuando habías cogido ritmo. Marte y Urano se cruzan en ángulo recto en tu carta: la voluntad que sostiene el esfuerzo muele contra la descarga que estalla sin avisar. Empujas con calma y el rayo te interrumpe. Sigues el rayo y te culpas por haber dejado el camino. Esto lo pagaste en años de una trayectoria que, vista desde fuera, parece quebrada en mil pedazos. Hoy eres capaz de una potencia poco común: músculo paciente cargado de relámpago. Tus mejores movimientos llevan los dos a la vez. Reconciliaste dos pasos que parecían incompatibles, y de ahí esa energía que dura y a la vez sorprende.