El cuerpo ya está en la puerta con las llaves en la mano y la cabeza todavía busca la palabra para nombrar adónde va. Marte dispara el músculo; Mercurio, plantado enfrente, quiere ordenar la frase antes de mover un pie. Actúas y la mente te regaña por el desorden. Piensas y el cuerpo se frustra de tanto quieto. A veces obras sin explicarte bien, y a veces explicas con primor algo que ya no piensas hacer. La maña que ganas es usar el cuerpo como prueba y la cabeza como brújula: una decisión entera lleva las dos, piernas que ya andan y cabeza que sabe el rumbo. Andar sin pensar te despeña. Pensar sin andar te deja en el umbral.