Marte se asienta en el Nodo Sur y desde esa punta te encara a través del eje, mirando de frente al Nodo Norte. Tu reflejo de pelea conocido tira de un lado mientras la dirección de crecimiento te llama desde el extremo opuesto. Una punta no se entiende sin la otra: el coraje habitual frena el estiramiento, y el rumbo nuevo desarma la embestida automática. Hay días en que peleas como siempre supiste pelear y pierdes el avance que pedía otra clase de valor. El sube y baja te enseña algo seco. La rabia vieja sirve de motor del paso nuevo, pero solo si dejas de dispararla hacia el blanco cómodo de siempre.