En mitad de una discusión, la frase que cierra el tema te llega entera a la lengua un segundo antes de hablar. Marte, el empuje que quiere salir ya, y Mercurio, la palabra que da en el clavo, casi van al unísono por el sextil, y se sincronizan del todo si entrenas la respuesta que no se piensa demasiado. Lo que no viene regalado es la puntería: hay que practicar, equivocarse en alto, afinar el filo. Quien lo cultiva gana peso de verdad cuando toca defender una postura. Suelta la frase justo cuando aparece. El hueco está ahí, solo hay que ocuparlo.