Tienes a mano una fuerza que sabe exactamente dónde no apretar, esperando que la levantes del suelo. Quirón y Marte forman un sextil en tu carta: el coraje que actúa queda al alcance del centauro que conoce la lesión, una puerta entornada hacia un valor que protege en vez de arrasar. El día que pones tu empuje al servicio de quien fue herido, la energía se enciende y deja de quemarse en peleas estériles. Lo de fondo está disponible, pero no se activa solo. Despierta cuando diriges la espada hacia cuidar y no hacia ganar. La invitación es tomar tu propia herida como brújula del golpe: afilar el filo sin negar de dónde viene.