En mitad de una tarea aparece un atajo que nadie había visto, y tus piernas quieren probarlo antes de que la cabeza lo apruebe. El sextil deja a Marte, el empuje que pasa a los hechos, a un chispazo de Urano, el rayo que se le ocurre todo de golpe: prenden juntos si confías en la reacción veloz justo cuando salta. La condición es soltar el manual y moverte antes de tenerlo todo claro. El que se lanza abre paso mientras otros siguen tomando medidas; el que espera el visto bueno ve el atajo cerrarse. Lánzate en cuanto cae el rayo. El atajo sigue ahí, esperando pisada.