Una piedra de cantería se asienta sobre el punto más alto del muro, justo en la cumbre de tu carta. Saturno, ese hueso que sostiene la estructura y dice basta a tiempo, cae sobre el meridiano por donde asoma tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. La exigencia y la cima visible ocupan un solo grado, fundidas: cuando te muestras en lo que haces, te muestras con seriedad, con la responsabilidad por delante de la sonrisa. El mundo te ve asomar con paso medido y cara de quien no improvisa, más mayor de lo que dice tu edad. Lo que enseñas se levanta despacio, ladrillo a ladrillo, y por esa solidez ganada con años acabas siendo alguien en quien otros se apoyan.