El traductor simultáneo de feria, ese que cruza tres idiomas en una mañana sin perder un matiz, dice que su oficio no es saber muchas palabras sino sentir el instante exacto en que el sentido salta de una lengua a otra y agarrarlo en el aire antes de que caiga. Con el Medio Cielo en Géminis, esa palpación es lo que el mundo recibe primero de ti. Mercurio rige aquí tu cara pública, y por eso lo que te ubica no es lo que produces aislado sino lo que conectas: el puente que tiendes entre dos disciplinas que no se hablaban, el comentario que reordena la sala entera en una frase. Te reconocen por la cabeza rápida, por tener tres conversaciones a la vez sin perder el hilo emocional de ninguna, por encontrar la analogía que vuelve claro lo que estaba opaco. La parte que se te complica no es que seas superficial, no lo eres. Es el salto de más: empiezas a leer la versión siguiente de un proyecto antes de haber cerrado la anterior, y la pila de comienzos crece más rápido que la de finales. Una trayectoria hecha de saltos también necesita ratos de quietud para que el aire entre salto y salto se asiente y deje un poso. No te apago la curiosidad, es tu motor. Pregúntate solo qué proyecto tuyo merece que te quedes con él una temporada entera, hasta verlo del todo.