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Quiron oposicion Medio-cielo

La cicatriz vieja se planta en el borde opuesto del cielo y mira sin pestañear la cumbre a la que subes. Quirón, ese lugar donde la herida se volvió oficio de enseñar y no un astro con cuerpo, queda enfrentado al meridiano por donde asoma tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. Lo que un día te dolió y el rumbo visible que persigues se reclaman cuentas de extremo a extremo del eje, cada cabo señalando lo que al otro le falta. Cada vez que empujas hacia lo que muestras delante de todos, la llaga tira desde atrás y te tuerce el cuello para mirarla. Vives en esa cuerda tirante entre lo tocado y la vocación, sin permiso para soltar ninguno de los dos cabos.