Una descarga salta desde el polo contrario justo cuando apuntas a la cumbre de tu carta. Urano, esa parte que se rebela y necesita aire sin barrotes, queda enfrentado al meridiano por donde sube tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. La ruptura y la cima visible se reclaman cuentas de cabo a cabo: cada vez que muestras lo que haces, algo enfrente da un golpe seco y te hace cambiar de rumbo. La libertad y el lugar donde te enseñas no acaban de pactar solos. Vives en ese pulso entre la corriente que pide saltar la valla y lo que de verdad asomas al mundo, templando una cara pública hecha de virajes que se reclaman cuentas el uno al otro.