La cumbre a la que subes queda a un brazo del viejo surco conocido de tu carta. El Nodo Sur, ese eje calculado que apunta el terreno familiar de donde vienes y no un planeta, tiende un ángulo abierto hacia el meridiano por donde asoma tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. El oficio antiguo que ya traes sabido no se mete solo, se brinda: el día que quieras, esa maña conocida entra en lo que muestras delante de todos y te da soltura. Ahí queda, apoyada en el quicio de tu vocación, un suelo firme bajo la suela. Cuando echas mano de ese hilo, el rumbo que persigues se apoya un momento en lo familiar, y luego decides si seguir andando o plantarte ahí.