Un ramo a medio atar junto a la cumbre de tu carta espera la mano que ajuste el lazo. Venus, esa sensibilidad para la belleza y el trato amable, tiende un ángulo abierto hacia el meridiano por donde asoma tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. El encanto está ahí, a tu alcance, si lo recoges a conciencia en lo que haces. Cuando decides poner gracia y buen trato en lo que muestras al mundo, el agrado responde limpio: gustas, conectas, sin que la cortesía te quite el filo. No te empalaga ni te frena; te brinda la belleza y tú eliges cuándo lucirla. Así tu modo de asomar a la vocación gana un encanto que abre puertas y allana el trato.