Empiezas una charla ligera y tu mente baja sola, sin avisar, hasta la pregunta que el otro no estaba listo para responder. Mercurio y Plutón se cruzan en ángulo recto en tu carta: el pensamiento que roza la superficie muele contra la sonda que solo se calma en el fondo. Conversas de nada y sospechas que pierdes el tiempo. Excavas y asustas a quien solo quería un café tranquilo. Esto lo pagaste en relaciones donde la gente se sintió interrogada sin haberte pedido entrevista. Hoy sostienes la profundidad sin tener que ofrecerla siempre. Callar lo que viste también es una forma de respeto. Asustaste a unos cuantos primero, y de ahí te quedó un pensamiento poco común que sabe esperar.