La voz se lanza a explicar y tu yo te pide por lo bajo que a veces solo estés, sin tener que demostrar nada. Mercurio y el Sol se cruzan en ángulo recto en tu carta: la palabra que quiere expresarse muele contra la presencia que se basta callada. Hablas y sientes que defiendes tu sitio. Callas y te frustra haberte tragado lo que viste con claridad. Eso lo pagaste hablando de más para probarte, callando de más por miedo a sonar obvio. Ahora hablas desde la sustancia en vez de hablar para fabricarla. Tu palabra ya no tiene que ganarse el sitio cada vez. Hablaste de menos y de más hasta dar con la voz que se basta a sí misma.