Llegas a la frase corta y exacta a la primera, sin pasar por tres borradores tachados. La mente que se mueve y la estructura que ordena van juntas en ti de nacimiento, trígono de Mercurio y Saturno, y escribir bien no te cuesta sangre. Donde mandan la precisión y el rigor, ahí estás en tu sitio: la edición, la enseñanza, el derecho, la escritura técnica que aun así suena a alguien. La gente se fía de lo que firmas porque sabe que has pesado cada palabra antes de soltarla. Tu trampa no es hacer poco. Es que la frase exacta te sale tan fácil que la usas para cerrar conversaciones en vez de abrirlas, y la gente calla en vez de hablarte. La precisión también puede invitar.