En un mismo grado del cielo, la niebla que disuelve fronteras y el rayo que parte lo dado quedan tan pegados que salen del mismo gesto: un solo destello empapado de sueño. Esta conjunción no describe un rasgo tuyo. Describe el aire que respira una generación entera, teñido de revuelta soñada antes de tener palabras. Pregunta a tu carta dónde aterriza: la casa que ocupa y los planetas tuyos que la rozan lo señalan. Ahí ese impulso fundido, utopía y chispazo en un mismo movimiento, cuaja en ti como ganas de reinventar lo recibido mientras imaginas un futuro que ya empuja por colarse. Sale en bloque, indivisible.