Neptuno cruza tu eje en escuadra, rascando el Nodo Sur, y ese roce vuelve cada vez que te evades por el velo gastado. La entrega difusa que ya dominas se escurre por un lado, el eje aprieta por el otro en ángulo, y de esa tensión disuelves el paso en lugar de darlo. Has pagado caro perderte en lo conocido en vez de arriesgar el rumbo. El desgaste constante te esculpe, como el río que talla el cañón sin prisa y sin pausa. Entiendes que la niebla heredada no alcanza, que hay un giro pidiendo presencia firme. Algo sólido aparece cuando sostienes la realidad que el rumbo nuevo te exige mirar.