Sueñas algo inmenso y la mano se te detiene pidiendo levantar solo lo que el material aguante de verdad. Neptuno ablanda la imaginación porosa; Saturno, plantado enfrente, exige estructura que sostenga peso. La niebla frente al cemento. Sueñas y te culpas por no construir. Construyes y te queda la sospecha de haber renunciado a lo verdadero. A veces te paralizas entre dos mundos: el que ya existe y el que aún no tiene cuerpo. Vas aprendiendo a usar el sueño como boceto y la estructura como modo de honrarlo. La realidad sin imaginación se atrofia. La imaginación sin realidad nunca toca el suelo. Tú eres el puente tendido entre los dos, y por eso a ratos tiemblas.