Tu manera de querer lleva siempre un velo de gasa, y a la vez algo te pide ver a la persona en su cara real, sin retoque ni filtro. Neptuno idealiza el amor; Venus, en la punta contraria, quiere el afecto concreto de cada mañana. El mito frente al desayuno. Idealizas y el primer detalle real te decepciona. Lo ves todo crudo y echas en falta el aire que te daba el velo. Tus historias oscilan entre el mito que tejes alrededor del otro y la mañana en que ese otro se levanta sin hacer poesía. Lo que el tiempo te enseña es a querer las dos versiones. Hay días para soñarla. Hay días para verla despierta, despeinada. Las dos son ella.