Hay un querer con algo de niebla bonita alrededor, y solo espera que le dejes sitio sin convertirlo en cuento. Neptuno, la imaginación que envuelve, y Venus, el afecto que se entrega, se rondan a la distancia que el sextil les marca; se tocan si amas dejando que el sueño respire sin tapar a la persona real que tienes delante. El precio es un equilibrio fino: ver y soñar a la vez. Sostén las dos cosas y criarás amores que son poesía y siguen siendo verdad; suelta una y caerás en el desencanto o en la fantasía. No elijas entre mirar claro y soñar. El sitio para los dos está abierto.