Entras en una sala y algo en ti quiere ocupar su sitio sin pedir disculpas: el Sol cae sobre tu Nodo Norte, donde el eje marca adónde estás creciendo. Identidad y rumbo llegan fundidos en un mismo gesto, sin distinguir uno de otro. Te muestras tal cual eres, y al hacerlo te mueves justo hacia donde el eje empuja. La trampa es esperar permiso para ser, encoger la luz y posponerte como si el rumbo fuera de otro. Tu identidad abre camino cuando se atreve a ocupar su lugar. Cuando la escondes aguardando un momento más seguro, ese momento nunca termina de llegar.