Una viga sólida descansa apoyada en la pared, del lado del cuarto que aún no construyes. Saturno, ese maestro de hueso y piedra que mide límites y exige aguante, hace buen ángulo con el Nodo Norte, el eje calculado que apunta hacia donde tu carta crece y no un cuerpo que orbita. La estructura para sostener lo nuevo no se alza sola: tienes que tomar la viga y colocarla tú, a peso, cuando te asomas a lo poco habitado. Pones un cimiento firme bajo tus pasos hacia lo desconocido y el terreno deja de temblar. Y eso que veías demasiado grande para ti, de pronto, ya tiene dónde apoyarse.