Un interruptor raro, de los que no sabes bien qué encienden, espera en la pared junto al cuarto que aún no abres. Urano, ese chispazo que rompe el molde y enciende lo inesperado, hace buen ángulo con el Nodo Norte, el eje calculado que apunta hacia donde tu carta crece y no un cuerpo que orbita. La libertad para dar un giro brusco no salta sola: tienes que pulsar tú, a propósito, cuando te asomas a lo poco habitado. Te permites un quiebro fuera de guion al avanzar hacia lo nuevo y algo rígido por dentro se suelta de golpe. El terreno extraño se ilumina. Con una luz que no sabías que estaba ahí.