Una flor recién cortada reposa en el alféizar que asoma al lado nuevo del jardín. Venus, ese gusto por lo bello que acerca a la gente y endulza el trato, hace buen ángulo con el Nodo Norte, el eje calculado que apunta hacia donde tu carta crece y no un cuerpo que orbita. El placer de que algo te guste de verdad no florece solo en mitad del camino: tienes que tomar la flor y llevarla contigo al girarte hacia lo poco habitado. Dejas que lo nuevo te agrade sin pedirte cuentas y el terreno extraño se vuelve hospitalario. Hueles el aire. Y lo desconocido empieza a tener un perfume que reconoces.