Quirón, ese punto donde la herida se hizo maestra, cae sobre el mismo grado que el Nodo Sur, ese eje calculado que marca el suelo conocido que te toca soltar y no un astro con cuerpo. Fundidos en una sola baldosa, la cicatriz y el gesto de siempre son la misma raíz: cada vez que vuelves a lo conocido tocas la herida sin querer, como si el hábito antiguo la guardara dentro. No repites por un lado y duele por otro. El gesto familiar y la llaga son uno solo. En esa esquina de tu carta, soltar la vieja costumbre no es renunciar a algo cómodo: es destapar por fin la marca y empezar, con eso, a curarla.
Tu privacidad
Usamos analítica para entender qué contenido te resulta útil y mejorar Sidellia. Sin publicidad ni perfiles publicitarios. Puedes rechazarla y seguirás teniendo todas las funciones.