Un cable pelado que ya conoces cuelga cerca, por si un día lo desenchufas con toda la calma. Urano, ese chispazo que rompe moldes y enciende lo inesperado, hace buen ángulo con el Nodo Sur, el eje calculado que marca la tierra conocida de donde vienes y no un cuerpo que orbita. El sobresalto que sabes provocar es un recurso viejo, a tu disposición para apagarlo cuando ya no haga falta. Nadie te corta la corriente de un tajo. Reconoces el reflejo de volarlo todo por los aires y, esta vez, dejas que el aire se quede quieto. Lo familiar te libera. Y el cuerpo agradece un rato largo sin chispas saltando por dentro.