El Sol corre en trígono con tu Nodo Sur, y la presencia te sale sola, como la luz que entra por una ventana que ya estaba abierta sobre ese extremo del eje que habitas sin pensarlo. La confianza, el carisma, el aplomo te nacen sin forzarlos. Acudes a ese yo siempre que algo pide que des la cara, y responde entero, suelto, sin esfuerzo. La gracia es real y la luz es propia, y por eso enreda: si te instalas en ese papel, olvidas ponerlo a servir el rumbo nuevo. Esa identidad antigua te sirve de base mientras no te congele en el mismo brillo.