Te miran fijo y se callan un segundo de más, sin saber por qué. No es teatro: tu sola presencia trae una densidad que pide silencio antes de pedir explicaciones. Plutón y el Sol habitan un mismo grado de tu carta, y por eso la hondura y la identidad son en ti una misma fuerza: lo que eres pesa, y no hay forma de disimularlo por mucho que lo intentes. Sin desearlo terminas en lugares donde la gente espera de ti lo que solo se le pide a quien carga algo. Lo que vas sabiendo es a no usar tu intensidad como prueba de que vales. Llevar tu propio peso con suavidad también es una clase de poder.