En un mismo grado del cielo lento, la fuerza que entierra para rehacer y el rayo que vuela lo dado quedan soldados en un solo músculo que tira a derribar. Esta conjunción no describe un rasgo tuyo. Describe la corriente eléctrica que carga a una generación entera, nacida con ganas de vuelco en el cuerpo. La casa donde aterriza y los planetas tuyos que la rozan dicen por dónde te corre por dentro. Ahí ese empuje fundido, demolición y resurrección en el mismo acto, prende en ti como rechazo de lo que pide ser volado desde la raíz. No son dos impulsos turnándose; es uno solo, indistinguible, apretando el gatillo.