Pasas una temporada retirado, casi sin ver a nadie, y al salir hay una versión tuya que ni tú reconoces del todo. Naciste con Plutón en la casa 12, el borde del sueño, el cuarto detrás del cuarto, lo que la luz del día olvida. Tus transformaciones más hondas suceden donde nadie mira. Cambias en silencio, en el reverso de tu propia vida. Y la cosa va así: cargas con muertes simbólicas que no anuncias, cultivas una fuerza en el retiro que luego asoma sin que sepas de dónde salió, y te regeneras lejos de los ojos del mundo, como una planta que crece bajo tierra antes de romper el suelo. El borde oscuro es rumiar a solas, sin testigo, hasta que la sombra se te vuelve costra y ya no hay nadie cerca que te ayude a soltarla. Porque lo invisible no tiene por qué ser solitario. Honra esos retiros, pero con una compañía elegida que sepa esperarte. Busca guía cuando bajes muy hondo. Tu modo de transformarte es uno de los más alquímicos que existen, y por eso mismo necesita que de vez en cuando le dejes entrar un poco de luz.