Hay alguien al otro lado de la mesa que te mira y de pronto te ves entero, lo que escondes incluido. Naciste con Plutón en la casa 7, la casa del otro frente a ti, del acuerdo que pide dos voces y del espejo que devuelve lo que no quieres ver. Para ti los vínculos cercanos nunca son tibios. La persona con quien te unes te transforma, o tú la transformas, y muchas veces ocurren las dos cosas a la vez, sin tregua. Así se cuenta tu historia: atraes vínculos que se vuelven intensos rápido, donde el poder pasa de una mano a otra como una corriente, y donde lo que aprendes del otro te cambia el centro. El borde resbaladizo es la fusión sin retorno, cuando uno disuelve al otro o se deja disolver, y entonces ninguno de los dos sobrevive entero al vínculo. Y aquí hay algo delicado: puedes atravesar toda esa intensidad sin perder tu propio centro, y de hecho ahí está lo que sana. Elige a alguien que sepa transformarse a tu lado sin destruirte ni dejarse destruir. Cuando dos centros se sostienen en pie y aun así se tocan a fondo, el vínculo se convierte en uno de los lugares más reparadores que existen.