Hay obras que tardan una década en cuajar y, al cuajar, cambian las reglas para quien venga detrás. Comprométete con un proyecto cuyos frutos no verás pronto y pondrás a charlar a Saturno, la paciencia que sostiene años sin resultado visible, con Plutón, la fuerza que rehace algo desde el cimiento, que el sextil dejó pegados de pared. El aspecto cobra tiempo de sobra y aguante para lo que no parece avanzar. Quédate la década entera y dejarás huella en la estructura misma de las cosas; abandona al tercer año y solo habrás removido tierra. Elige la obra larga y no te muevas. El cimiento espera la primera piedra.