Un extremo de tu carta quiere unir y agradar; el otro recuerda exactamente dónde el amor te hizo sangrar. Quirón y Venus se miran de frente a través del mismo eje, y cada polo define al de enfrente: tu deseo de querer despierta la vieja herida, y la herida te lanza a buscar más afecto. Hay días en que amas de más para no notar tu propio hueco, y días en que el dolor te seca toda ternura. Puestos cara a cara, el deseo de unión y la llaga del afecto brotan de una misma raíz. Tu corazón maduro no silencia un polo. Los enfrenta hasta que querer deja de ser un parche sobre el miedo a no valer.