Cargas sobre los hombros un peso que aprendiste a llevar siendo muy joven, y por dentro algo te pide brillar sin tener que justificarlo con trabajo. Saturno y el Sol se cruzan en ángulo recto en tu carta: la disciplina que sostiene la carga muele contra la identidad que necesita celebrarse sin ganárselo. Cumples y te culpas por no haberte dado más juego. Juegas y te juzgas irresponsable. Esto lo pagaste en años de sentirte adulto demasiado pronto, con un hambre callada de los años que te saltaste. Muy despacio aprendes a celebrarte sin pedir perdón. La seriedad no es tu identidad, solo su corteza. A contrapelo de un peso que llevas desde niño, llegaste a la dignidad que también sabe reírse.