Te sientas a dibujar y borras el trazo tres veces antes de dejarlo quedarse, como si la hoja te estuviera examinando. Naciste con Saturno en la casa 5, la casa de la primera canción tarareada para nadie, del juego sin público, así que el placer y la creación te piden forma y oficio antes de soltarte a disfrutar. Te cuesta jugar sin un propósito, te enamoras despacio y con cautela, y celebras tus aciertos creativos con un encogimiento de hombros porque ya estás mirando el siguiente defecto. Cuando algo tuyo sale, está bien hecho de verdad, con horas dentro. Ahí está el filo. Si lo creativo solo vale cuando es perfecto, te quedas sin la alegría que era el punto de jugar, y el arte se vuelve otra tarea que aprobar. Date permiso para hacer bocetos malos a propósito, para tararear desafinando, para querer sin que tenga que estar resuelto. La técnica ya la tienes. Esa manera tan seria de jugar es uno de tus dones más raros, sobre todo el día que la dejas reírse y equivocarse con gusto.