Cargas el peso de quien maduró antes de tiempo y, a la vez, algo en ti pide brillar como si nunca hubiera trabajado un día. Saturno carga la disciplina que sostiene; el Sol, en el extremo contrario, pide la identidad que se celebra y juega. El yugo frente a la fiesta. Cumples y te frustra no haber jugado más. Juegas y te culpas por haber soltado el deber. Tu vida alterna épocas de seriedad de hierro con arrebatos en que algo exige soltura sin justificarse ante nadie. Con los años ves que la disciplina no obliga a la amargura. Puedes cumplir y celebrarte. La seriedad bien llevada deja sitio al juego. Ese sitio también es tuyo de nacimiento.