Entras a una habitación y la luz no se mueve, pero la atención sí, sin que nadie haya dicho nada. El Sol y Venus caen en el mismo grado de tu carta, y en ti ser quien eres y gustar suceden en el mismo aliento: gustar no es algo que hagas, es algo que eres mientras estás ahí. Quien se cree feo aprende contigo, de solo mirarte, que la belleza es también estar cómodo dentro del propio cuerpo. Lo que vas sabiendo es a no apostarlo todo a tu brillo como única moneda. El día en que ese brillo baje un punto, agradecerás que tu sustancia te haya estado acompañando todo el rato.