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Sol en Aries

Hay un instante antes del amanecer en que el cielo no es ni noche ni día. Los marineros lo llaman la hora azul, y dicen que lo que se decide ahí, antes de que todo tenga nombre, sale más limpio que lo decidido a plena luz. Tú decides parecido: antes de tener todas las luces encendidas, el cuerpo ya se te adelantó. Las tres últimas veces que algo te importó de verdad, ya estabas de pie cuando lo notaste; la mano ya se movía, la boca ya había dicho que sí. Naciste con el Sol en Aries, y se nota en esa prisa tuya: la que los demás leen como impaciencia y en realidad es el cuerpo decidiendo medio segundo antes que la cabeza. No es que no pienses. Es que piensas con el gesto ya empezado. Marte, tu regente, no te empuja hacia fuera como quien echa a alguien de casa. Te enseña que actuar y entender pueden ser el mismo movimiento: para ti, dar el primer paso es la forma de aclarar las cosas. Por eso abres camino donde otros aún discuten si lo hay. Tú lo averiguas andando. Tu fuerza al arrancar nunca fue el problema. El problema llega después, cuando una puerta ya pidió otra llave y tú sigues empujando la misma con más hombro. Cuando algo se te atasca, tu instinto pide otra embestida, y a veces lo que falta no es empuje sino un ángulo distinto. Parar medio segundo a mirar la cerradura no traiciona tu naturaleza: la usa mejor. Nadie te va a pedir que dejes de arrancar; sería pedirle al fuego que no prenda. Lo que de verdad te cambia las cosas es notar, una de cada tres veces, hacia dónde.