Saltar al contenido
← Inicio

Sol en Sagitario

Los peregrinos antiguos llevaban una concha cosida al sombrero y un bastón más alto que ellos, y no caminaban hacia un sitio concreto sino hacia un horizonte que se renovaba cada mañana al abrir los ojos. Tú llevas esa misma hambre puesta. Naciste con el Sol en Sagitario, y se nota en que necesitas aire, libros, mapas, conversaciones que abran ventanas, viajes aunque sean cortos: sin esa expansión te apagas como un fuego al que le retiran la leña. Lo que los demás leen como inquietud o como huida es en realidad un cuerpo que respira con los ojos puestos lejos, que no sabe vivir sin un más allá que perseguir. Júpiter, tu regente, no te promete suerte caída del cielo. Te enseña que la fe es un músculo, que el sentido se persigue caminando y no se encuentra sentado esperando. Por eso a tu lado la gente recuerda que el mundo es más grande de lo que su semana le hacía creer. La trampa no es la dispersión, como simplifican. Es confundir el horizonte con la salida de emergencia: llamar búsqueda a no quedarte cuando lo cercano empezó a pedirte cosas. La pregunta adulta de tu signo no es por dónde se sale, sino por dónde se entra. Sigue mirando lejos, que para eso naciste con el horizonte cosido a los ojos. Pero de vez en cuando vuelve al sitio que dejaste y comprueba si lo que perseguías afuera no estaba pidiéndote profundidad justo ahí.