Tu firma no la tiene nadie más, y eso te sale tan natural que a veces olvidas lo raro que es. El yo que tiene centro y la chispa que rompe el molde son en ti un mismo clima, trígono del Sol y Urano, y ser tú es, por definición, ser distinto. Donde la originalidad propia es la moneda, ahí floreces: el arte, el emprender, los oficios de autor con nombre y apellido. La gente te sigue por quién eres, no por el método que aplicas. El peligro no es la falta. Es que ser distinto te sale tan barato que lo vuelves pose, distinto por deporte, y pierdes el hilo de lo que de verdad eres. La rareza vale cuando es tuya, no cuando es disfraz.