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Sol trigono Venus

Entras a un sitio y la luz se recoloca a tu favor sin que tú la hayas convocado. El yo que irradia y el afecto que agrada son en ti un mismo clima, trígono del Sol y Venus, y gustar es un estado tuyo, no una maniobra. Donde la presencia personal pesa, ahí floreces: el arte, la comunicación, la hospitalidad, cualquier papel con cara visible. La gente te recibe bien antes incluso de saber por qué lo hace. Lo que se gasta primero no es la fuerza. Es que gustar te abre tantas puertas que te acostumbras a entrar por la cara y dejas la sustancia a un lado. Cuando el brillo baja, lo que queda es lo que pusiste detrás.